El
mundo necesita una
alternativa a la política de
guerra y de destrucción
basada en formas
irreconciliables de manejar
los antagonismos. Los
resultados de esa política
son visibles: no conducen a
resolver los problemas de
relaciones entre
sistemas distintos y aún
contrarios, sino a crear
nuevas tendencias hacia la
guerra. Es lo que se llama
la espiral de las
respuestas. Si se parte de
que la espiral sólo conduce
a alimentarse a sí misma,
¿por qué no intentar la
alternativa de hacer callar
las armas, llegar a acuerdos
de desarrollo económico y
crear los mecanismos
internacionales que vigilen
y se propongan el
cumplimiento de la
alternativa? Si se prestara
oídos a lo que se dice en la
calle y al sentir casi
unánime de la asamblea
general de las Naciones
Unidas- excepto la poderosa
coalición belicista - se
verá que la máxima
aspiración de la gente es la
paz y la prosperidad
económica.
La creación de riqueza exige
un marco físico. Un programa
de infraestructuras
mundiales equivaldría a
movilizar gran cantidad de
recursos económicos que
llevarían al mundo a una
nueva era de prosperidad
económica compartida,
alejándolo de la permanente
amenaza del estallido de la
burbuja de la especulación
monetaria y apartando a los
países que pugnan por
desarrollarse del
hundimiento económico al que
periódicamente están
condenados.
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04/05/2010
