Dossier / Infraestructuras para el progreso

La paz estimula el progreso, mientras que la guerra
destruye los avances logrados

Una revolución económica basada en el impulso de infraestructuras en Eurasia, África y América lograría el desarrollo y la riqueza de inmensos territorios superpoblados que hoy no tienen otro futuro que la pobreza o las emigraciones masivas

El mundo necesita una alternativa a la política de guerra y de destrucción basada en formas irreconciliables de manejar los antagonismos. Los resultados de esa política son visibles: no conducen a resolver los problemas de relaciones entre
sistemas distintos y aún contrarios, sino a crear nuevas tendencias hacia la guerra. Es lo que se llama la espiral de las respuestas. Si se parte de que la espiral sólo conduce a alimentarse a sí misma, ¿por qué no intentar la alternativa de hacer callar las armas, llegar a acuerdos de desarrollo económico y crear los mecanismos internacionales que vigilen y se propongan el cumplimiento de la alternativa? Si se prestara oídos a lo que se dice en la calle y al sentir casi unánime de la asamblea general de las Naciones Unidas- excepto la poderosa coalición belicista - se verá que la máxima aspiración de la gente es la paz y la prosperidad económica.

La creación de riqueza exige un marco físico. Un programa de infraestructuras mundiales equivaldría a movilizar gran cantidad de recursos económicos que llevarían al mundo a una nueva era de prosperidad económica compartida, alejándolo de la permanente amenaza del estallido de la burbuja de la especulación monetaria y apartando a los países que pugnan por desarrollarse del hundimiento económico al que periódicamente están condenados.


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