Se
afirma que los conflictos
por el agua no deben ser
considerados como factores
locales o como sucesos
aislados, sino como una
crisis mundial producto del
pésimo manejo de los
recursos hídricos.
Aparentemente esto es
verdad, pero es una verdad a
medias y de hecho puede
provocar la extensión global
del conflicto.
Detrás de este discurso
subyace la acusación a los
países pobres y a los países
industrializados, de manera
asimétrica, de manejar mal
los recursos hídricos, y en
consecuencia proliferan las
iniciativas que tienden a
imponer sanciones apoyadas
en leyes internacionales que
impiden, por ejemplo,
construir infraestructuras
hidráulicas en países pobres
y ampliarlas en los países
industrializados.
Situar el tema del agua como
asunto de seguridad
estratégica nacional
(disfrazada de intereses
internacionales) puede ser
peligroso para la
estabilidad mundial. Ética y
moralmente el agua y las
materias primas energéticas
son patrimonio de la
Humanidad que no debe estar
sujeto a embargos.
El tema del agua ha pasado a
ser un asunto estratégico
prioritario para los Estados
Unidos. En agosto de 2004 el
Instituto para el Análisis
de la Seguridad Global
estableció que la seguridad
energética de los Estados
Unidos depende del estado de
sus recursos hídricos y
alerta sobre la creciente
crisis de seguridad mundial
en los temas del agua.
ver texto completo

04/05/2010
