Dossier Infraestructuras


La puesta de largo de la página web de la Fundación AFI tiene que ser, debe ser, una nueva etapa en todo lo que tiene que ver con las infraestructuras en Aragón. 

El punto de arranque de esta etapa debe ser una nueva actitud de los Ingenieros de Caminos en el campo de la comunicación. Debemos comunicar , debemos emitir nuestras opiniones , la sociedad debe considerar habitual que, antes de formar criterio, tiene que oír a los Ingenieros de Caminos. El vehículo , entre otros ,  puede ser perfectamente esta página web. 

Abriendo el camino quiero enunciar diferentes infraestructuras que, en este momento, tienen que estar en la discusión social. Otras pueden y deben enriquecer el panorama, porque nadie tiene la exclusiva. 

¿Quién en Zaragoza no ha utilizado la nueva salida desde el Portillo hacia la A – 68?. Como es bien conocido, la apertura al usuario de esta infraestructura adolece de un defecto básico: no está operativo el túnel de salida. Evidentemente, la Administración ha dado puntual noticia de que no está operativo por falta de presupuesto. Sin embargo, para el usuario, esta falta se asocia más bien a la falta de previsión de los Ingenieros  de Caminos, que proyectaron y construyeron el túnel hoy cerrado al tráfico. Este planteamiento no puede ser aceptable, la Administración debe encontrar los cauces que le permitan a muy corto plazo concluir la infraestructura. Conclusión, la profesión debe ser reivindicativa. 

La construcción del nuevo Campo de fútbol en Zaragoza ha sido un debate invariante en la ciudad desde que tenemos memoria. El traslado desde Torrero a La Romareda tuvo, en su día, una gran contestación, los unos a favor y los otros en contra. Al final se hizo y no pasó nada. Con el campo planificado en San José se acaba, por el momento, la discusión; si se encuentra financiación se hará y punto final. La cuestión, aquí y ahora, se debe centrar en el acondicionamiento de la movilidad, por lo que,  en definitiva, los Ingenieros de Caminos somos los llamados a solucionar el problema. Para ser concretos, hay que resolver el cómo llegar al Campo de Fútbol y cómo aparcar, en el caso de apostar por el transporte privado. De ello depende el éxito de la inversión. Casi debemos decir, que acaso más  que el que sea o no una joya arquitectónica, que probablemente también. En consecuencia, la exigencia de lo óptimo, en los transportes y en el aparcamiento, debe ser la exigencia pública de los ingenieros de caminos. 

Nuestros gestores públicos han adoptado la solución de la implantación del tranvía como manera de mejorar la movilidad en Zaragoza. En numerosas ocasiones, el Colegio de Ingenieros de Caminos ha mostrado su opinión contraria a esta solución por crear más inconvenientes que ventajas. No es éste el momento de enumerar las razones que han aconsejado al Colegio, bajo un punto de vista técnico, manifestarse en contra de este proyecto. Sin embargo, sí es el momento oportuno de exponer alguna cuestión que clarifique la situación. 

Las infraestructuras, como casi cualquier campo de actuación en la vida pública, pueden estar al albur de los dogmas de corrientes de pensamiento. La adopción de decisiones, que estén condicionadas por pautas de pensamiento político, conduce a alejar la técnica del núcleo de las decisiones, por lo que éstas adolecerán de primar el dogma sobre los conocimientos técnicos. Creemos que aquí es donde hay que buscar el alejamiento de las realidades técnicas de las decisiones ortodoxas. Bajo un punto de vista técnico, repetir cansadamente que el tranvía tiene su ámbito de aplicación en una ciudad, el metro tiene otro, el autobús otro más, etc., es desgranar un discurso que pertenece al aburrimiento, es intentar convencer a alguien que no quiere ser convencido. 

Lo que conviene es advertir que las decisiones equivocadas tienen un sobrecoste que habrá que pagar. 

De alguna forma, este discurso tiene algo que ver con los desmanes urbanísticos. Las deseconomías que provocan, son costes, tanto los directos por sobrecostes de explotación, como los inducidos por crear ámbitos que no tienen efecto imán sobre la población y por tanto van a ser escasamente rentables. 

En el proyecto del tranvía entendemos, desde el Colegio, que todavía se está a tiempo de programar una solución global, en la que este elemento sea sólo una pequeña pieza dentro de un programa mucho más ambicioso. Hay que luchar cada uno desde su parcela para conseguir lo mejor. 

Vamos ahora a considerar dos proyectos de alcance aragonés diríamos de ámbito nacional. Uno es la comunicación de Teruel  y el otro es la de Aragón con Europa. 

Recientemente y con gran disgusto se ha asistido al rechazo ambiental de la autovía Teruel – Cuenca. Una vez más, Teruel se ve aislado, no tiene más vía de alta capacidad que la norte – sur. Las infraestructuras no crean, en sí mismas, desarrollo, pero lo posibilitan. Dotemos a Teruel de las infraestructuras más ambiciosas que sepamos imaginar. Hace algunos años desde el Colegio se luchó, junto con otras Instituciones por el Ferrocarril de Alta Velocidad por Teruel (Madrid – Levante). El Colegio hizo lo que pudo y finalmente Teruel perdió, perdió Aragón y perdió España. Se dejaba pasar una posibilidad de crear expectativas; ahora es la autovía por una extraña historia de un impacto medioambiental negativo. Posiblemente el asunto se arregle, los políticos han declarado que lo quieren arreglar, pero el tiempo perdido está perdido, pueden ser cinco años ¿acaso más? .No es fácil predecir. Esta autovía es una buena manera para insistir y recabar para los Ingenieros de Caminos el hueco que la sociedad nos debe. Podemos y debemos encontrar la solución, pero nos tienen que dejar. 

Cerramos estos párrafos con la Travesía Central del Pirineo. Este ya viejo proyecto pertenece más bien a los recovecos de las relaciones internacionales. Sin embargo, desde el Colegio se ha acogido, con renovados bríos, la lucha por él. Recientemente, un Congreso, organizado por la Fundación TCP, contó con el apoyo entusiasta del Colegio y fue un rotundo éxito con nula repercusión social; una ocasión perdida. El Colegio va a seguir apoyando el proyecto y en esta lucha no va estar sola la mencionada Fundación TCP, con la que va a luchar, codo a codo. Hay que redoblar esfuerzos estableciendo los cauces de promoción en Francia. De cómo se pueda hacer esto y de su progresión depende esencialmente el éxito final. 

A modo de postdata debemos hacer algún comentario sobre el AGUA. La lucha por el agua ha sido una constante de los Ingenieros de Caminos, a ella han dedicado muchos esfuerzos decenas de los mejores, alcanzando las más exitosas metas en los escenarios científicos internacionales. Los caminos son difíciles, el ecologismo más activo ha elegido este campo como el más interesante para obtener los más señalados triunfos . La aplicación del dogma, como vehículo inocuo para conseguir resultados sorprendentes, ha sido, creo yo, una auténtica sorpresa para estos grupos tan dispersos y a la vez tan beligerantes. Desde el Colegio debemos decir rotundamente que podemos y debemos construir las infraestructuras necesarias para que el agua no sea un problema. Los Ingenieros de Caminos debemos  escribir los últimos párrafos de esta lucha por el progreso. 

 

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