Increíblemente las romerías han vuelto a ser la herramienta técnica de última generación. Pero habrá que reconocer que nuestros políticos no hacen más que seguir los dictados de la audiencia
Muy
probablemente los
barceloneses tuviéramos más
claros nuestra identidad y
objetivos como ciudad, como
aglomeración urbana, “contra
Franco” que en ausencia del
déspota. Contra su
irracionalidad, opusimos la
razón técnica, que
entendíamos como progreso, y
que en el peor de los casos
(temporalmente hablando)
sería el fruto futuro de la
democracia. Poco podíamos
sospechar que en aquel
futuro, que es hoy nuestro
presente, aceptaríamos negar
nuestras necesidades con tal
de estar “a la page” con el
neofundamentalismo formal
imperante, que nos acusa de
ser las nuevas Sodoma y
Gomorra, por querer mantener
el consumo de agua por
habitante y día algo por
encima de los 100 litros.
A finales del mes de abril
de 2008, cuando el volumen
de agua en los pantanos
estaba en el 22% de su
capacidad y la discusión se
centraba en si las medidas
programadas llegarían a
tiempo de evitar las
restricciones, un alto
responsable del suministro
de agua a la conurbación
barcelonesa me dijo muy
preocupado que si llovía
durante el mes de mayo,
temía que se anularan las
obras y acciones
que habían de garantizar el
mínimo suministro a
5.500.000 de personas en la
región metropolitana de
Barcelona, que como era
evidente sufría de sequía
estructural.
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04/05/2010
