
La sociedad moderna española
se resiente por los mismos
problemas del agua que se
han presentado a lo largo de
la historia: las
desigualdades hídricas entre
los territorios y la
ausencia de planes
nacionales para llevar el
agua de los territorios
húmedos a los secos. La
alarma por la escasez de
agua estaría plenamente
justificada si no se ponen
en marcha las soluciones
técnicas y políticas que
exigen las nuevas
circunstancias para hacer
frente a los viejos
conflictos, todavía no
resueltos, y a los que han
surgido por la confluencia
de nuevos factores. Se
puede hablar de una escasez
técnica de agua-embalses
vacíos, irregularidad de las
precipitaciones, descenso
cíclico de la cantidad de
agua caída-, pero no de una
escasez estructural.
Cuando comienzan los
deshielos y llegan las
grandes acrecidas se
comprueba que buena parte
del agua perdida podría
haber sido retenida y
guardada de haber contado
con las infraestructuras
adecuadas. Lo nuevo de la
situación actual es que
quizás por primera vez se ha
quebrado la tendencia
histórica a resolver,
mediante el pacto entre
vecinos y con la aplicación
de las tecnologías
apropiadas, las necesidades
crecientes de agua que
experimenta una sociedad en
constante crecimiento. Si no
hay acuerdo entre vecinos,
aumentarán los conflictos.
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04/05/2010
